Renovarse o morir: ¿Víctimas de nuestro éxito empresarial?
Las estructuras de mercado, no siempre son eternas, las compañías que lideran un mercado en la actualidad, pueden volverse obsoletas en un futuro, la capacidad de mejorar y adaptarse constituye el principal elemento de generación de valor en un mundo que cambia constantemente. Las estructuras de mercado son bastante frágiles, y las empresas deben pensar, replantear, reposicionar e innovar sus posiciones constantemente para no quedarse atrás en sus participaciones de mercado o incluso sin ningún mercado.
En una economía competitiva, el progreso es constante, y lo que hoy representa una fortaleza de mercado, puede convertirse en una debilidad hacia el futuro. Es necesario buscar oportunidades de mercado constantemente para conseguir las metas propuestas hoy.
Peter F. Drucker, acerca de la noción de oportunidad explica:
“Un cambio en la estructura de la industria, ofrece una oportunidad excepcional a los que están fuera de la industria. El cambio y las oportunidades que ofrecen los mercados pueden ser elementos visibles y predecibles. Los que están en la industria los ven sobretodo como amenazas. Los de afuera que innovan pueden convertirse en un factor muy importante de alguna industria primordial, o de un área de la misma, muy rápido y con riesgo relativamente bajo”

Como es lógico, el que innova no tiene nada que perder y si mucho que ganar, ya que si su idea es muy buena, probablemente triunfará rápidamente.
Aparte de la noción de oportunidad, también es importante tener en cuenta la importancia de la diferenciación de productos. Donde conceptos como Exclusividad, Privilegio o Moda juegan un rol fundamental.
Cuando pensamos en un Ferrari, una Coca Cola o una Cerveza en particular, siempre existirá una noción de marca, de calidad y de precio. Conquistar mercados también depende de tener en cuenta estos elementos para poder ser exitoso en un mercado potencial. La lealtad de los clientes, el concepto de club o grupo y la diferenciación social son, nos guste o no, factores a tener en cuenta.
Además, la innovación también depende de factores como presentación, publicidad y marketing, caso que se ve en productos como las papas fritas en donde los empaques, la publicidad o los diferentes ganchos como promociones, premios o anexos a los productos pueden servir para ganar la batalla de los mercados.

Todas estas nociones, nos demuestran que para ser un buen emprendedor es necesario saber innovar, buscar oportunidades y trabajar mucho, replanteando constantemente los objetivos a perseguir.
Sin embargo, para ser un buen empresario queda cabe dar un paso más. No basta con innovar, cabe gestionar la innovación.
Prácticamente todos conocemos el análisis DAFO: Debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades.
Mientras las amenazas y las oportunidades se deben al entorno, las debilidades y fortalezas están referidas a nuestra organización.
Los negocios se inician habitualmente por criterio de oportunidad e innovación. Así mismo, el fracaso de los mismos suele achacarse inconsciente o conscientemente a las amenazas cumplidas del entorno.
Al igual que debemos contribuir a alcanzar el éxito aprovechando nuevas oportunidades y evitando o neutralizando nuestras amenazas, debemos trabajar intensamente en la minimización de nuestras debilidades y en el aprovechamiento de nuestras fortalezas. En ello existe una nueva fórmula de innovación, de mejora.
En muchos casos los negocios no fracasan por ser “mal negocio”, sino por estar mal gestionados.
Una oportunidad supone una ventaja competitiva temporal que nos reporta beneficios hasta que la competencia adapta sus productos y servicios o nace nueva competencia. En ese momento nuestra ventaja ha desaparecido y nuestra única oportunidad reside en gestionar mejor el negocio que los demás. Eso depende de nosotros.
Es necesario renovar continuamente nuestros productos y servicios, aunque también es necesario renovarse como organización y adaptarse a las necesidades cambiantes del entorno.
Por desgracia, cuando las ventas de nuestros productos y servicios mantienen muy buenos ritmos, pocas veces pensamos en renovar las estructuras que los producen y soportan, por lo que en muy pocas ocasiones la empresa está preparada para cambios repentinos en el entorno (gustos o costumbres de la clientela, nacimiento de la competencia, etc.) que nos llevan a ser “víctimas de nuestro éxito”, situación que achacamos casi siempre al entorno. ¡Renovarse o morir!
José Miguel Palou Larrañaga
Economista
gerencia@direx.es